La culpa no corroe a Meta.
Pero sí el instinto de supervivencia que lo lleva a concluir que más vale pagar por anticipado antes que someterse a un juicio multimillonario.
Lo hace evadiendo responsabilidades.
No aceptando culpabilidad, pero pagando una cifra que implica en sí misma un reconocimiento de las irregularidades cometidas.
Desde hace años, Meta enfrentaba demandas de 47 estados de Estados Unidos, Washington D. C. y varios territorios.
En el juicio federal inmediato, las reclamaciones podían haber alcanzado 200 mil millones de dólares.
En algún punto, Meta estimó que las sanciones reclamadas por California, Colorado, Kentucky y Nueva Jersey podían alcanzar 1.4 billones de dólares.
¿De qué se le señalaba?
De diseñar algoritmos adictivos para los adolescentes.
De recopilar ilegalmente sus datos.
Y de ocultar riesgos psicológicos con tal de proteger sus ingresos publicitarios.
Meta optó por pagar hasta 18 mil millones de dólares durante los próximos diez años para evitar someterse al escarnio público y a una potencial pena histórica.
Se compromete, además, a cumplir con nuevas reglas de uso para usuarios menores de edad.
Restringir el uso a dos horas diarias.
Limitar las notificaciones en horario escolar.
Extender el toque de queda nocturno.
Eliminar los filtros de belleza.
Y ocultar el número de likes.
Este último, un punto clave dado que fue uno de los principales argumentos esgrimidos por la fiscalía.
En 2019, Meta realizó un experimento conocido como Project Daisy.
Tenía una hipótesis: que un número bajo de likes empeoraba la salud de los usuarios adolescentes.
Meta asegura que no hubo resultados concluyentes.
Pero la evidencia presentada por la fiscalía sostiene que Meta comprobó que ocultar los likes reducía la comparación social negativa y, aun así, no quiso implementar la funcionalidad de forma predeterminada porque estimó que sus ingresos publicitarios caerían 1%.
Meta, sin embargo, busca convertir su derrota económica en victoria moral.
Planea erigirse, a través de distintos mensajes publicitarios, como la plataforma pionera en la protección de la salud mental de los jóvenes en redes sociales.
Como parte de su negociación, Meta condicionó el pago de 5 mil 300 millones de dólares a que YouTube y TikTok implementen un límite diario de una hora, un modo nocturno y medidas de verificación de edad, además de pagar cada una una cantidad equivalente.
Con esa dinámica de gestión reputacional, Meta deja de ser el perdedor más notorio para convertirse en el referente que aceptó ajustar su funcionamiento por el bien de los jóvenes.
El acuerdo sienta un precedente positivo respecto al entendimiento de las plataformas como productos que influyen en la configuración social.
Para las tecnológicas, el discurso habitual ha sido siempre el de evadir responsabilidades.
Si abunda la desinformación, se apuran a señalar que no son un medio de comunicación.
Si algún joven decide atentar contra su vida, se limpian las manos señalando que no son responsables últimos del uso que cada quien hace tanto de la publicación como del consumo de contenido.
Si se hunde una industria a partir de cambios a sus algoritmos, como ocurrió con la de los medios, enfatizan que es un cambio solicitado por los usos y costumbres de los usuarios.
Con el pago de hasta 18 mil millones de dólares, Meta aparece como la primera gran plataforma obligada a asumir parte de las consecuencias.
Pero la sanción no deja de ser anecdótica.
Su valuación al día de hoy ronda 1.5 billones de dólares (1.5 trillones en inglés).
Las leyes y sus sanciones no son suficientes para los gigantes tecnológicos.
Porque al mismo tiempo se comete el absurdo de ver a dependencias estatales y federales cuestionando la legitimidad de la compra de Warner Bros. por parte de Paramount.
¿Por qué a las tecnológicas no se les ponen límites significativos, pero sí a empresas de un sector tan endeble como el de la industria del entretenimiento?
Meta ha aceptado una derrota honrosa.
La sociedad ha de celebrar una victoria pírrica.
Una victoria que no altera ningún rumbo.
Pero que al menos queda como antecedente.
Más del impacto de las tecnológicas en la industria de los medios en The Muffin
Mis servicios:
Para conocer los servicios, proyectos y productos que desarrollo para marcas, plataformas y medios, consulta el sitio de Story Baker.
Si te interesa desarrollar propiedad intelectual de nueva generación, hagamos historia Monoviral.
Si eres un periodista, creador de contenido o un especialista que quiere aprender a contar historias, puedes agendar terapias creativas personalizadas.








Cierto, es pírrica pero demuestra que no es tan cierta la narrativa que Meta maneja: "somos intocables".