¿Hasta dónde la defensa del periodismo retrasa la innovación?
¿Qué tanto debe la inteligencia artificial sintetizar y generar información publicada por un medio?
En el New York Times comienza a librarse una discusión sobre hasta dónde llegar sin romper el acuerdo editorial con sus periodistas.
Reporta Semafor que el NYT ha comenzado a probar, con un pequeño grupo de usuarios, una experiencia de búsqueda que presenta fragmentos, enlaces y sumarios generados con la información publicada por sus reporteros.
Para algunos al interior del NYT, ofrecer textos generados por IA directamente al público representa una potencial afectación a sus estándares de calidad.
Para otros, abre la puerta a una mejor experiencia del usuario tanto en el hallazgo de una nota como en la posibilidad de extraer aún más valor del archivo del NYT.
Desde el sindicato de trabajadores del Times exigen que el uso de la inteligencia artificial pase por el filtro de la supervisión humana.
¿En verdad se debe frenar la innovación cuando se trata de reutilizar la información de un mismo medio en su experiencia de búsqueda?
¿Es viable detener la generación de una respuesta hasta que un ser humano la valide?
En la era conversacional, la inteligencia artificial conecta puntos y referencias a una velocidad que no puede ser replicada por los seres humanos.
Hurga en archivos y documentos.
Relaciona conceptos.
Y entrega una respuesta al usuario para que decida si quiere seguir profundizando en ella.
La pregunta que sigue es hasta dónde un medio debe fomentar la experiencia conversacional a costa de la lectura del texto completo de un autor.
Si, por ejemplo, un columnista opina sobre la relación comercial entre Estados Unidos y Canadá, ¿el buscador o asistente debería resumir los conceptos de dicho columnista o limitarse a enviar un link acompañado del mensaje clave?
Para el ego del periodista, lo ideal es lo segundo.
Para el usuario, posiblemente lo primero.
El problema no es únicamente laboral ni de vanidad. También existe el riesgo de que una respuesta automática confunda atribuciones, elimine matices o presente como equivalente información de distinta calidad.
En la nueva era de los medios, los datos, la información e incluso las opiniones funcionan como ingredientes combinables para entregar siempre un resultado distinto.
Un buscador que genera sumarios no es sino el primer paso de un modelo que priorizará las preguntas contestadas y el tiempo de estancia sobre las páginas vistas y las notas consumidas.
Para medir el éxito de un columnista, podría llegar a ser tan relevante la lectura completa de su texto como las preguntas específicas que se hagan en torno a su trabajo.
La resistencia es natural para el periodismo.
Pero es también natural e irreversible que la tecnología termine de pavimentar un nuevo modo de consumir los medios.
Mucho más vivo.
Mucho más dinámico.
Mucho más conversacional.
Y mucho más inteligente.
Como si fuera una cocina en la que no paran de hacerse platillos distintos.
Con ingredientes base que se combinan según la petición específica de un usuario.
La supervisión ya no podrá ejercerse respuesta por respuesta. Tendrá que trasladarse al sistema: qué fuentes puede consultar, cómo atribuye, cuándo se abstiene y cómo corrige.
Las propias, como seguramente hará el New York Times.
Y las externas, como hacen las tecnológicas y como podría llegar a hacer el propio NYT a través de partners de contenido.
En el futuro, los medios serán como un revistero interactivo.
Con sus contenidos y los de terceros en una experiencia conversacional que procurará atrapar a los usuarios durante varios minutos a través de múltiples respuestas generadas.
Los medios, ahora sí, abandonan la finitud.
Más del futuro de los medios en The Muffin
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