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Cada cierto tiempo, ViX se apodera de la conversación.
Lo consiguió en su momento con la docuserie sobre el asesinato de Paco Stanley.
Lo hizo también con su serie sobre el Mochaorejas.
Y lo hace ahora con la serie que cuenta la historia de Timbiriche.
De todas, esta última es la que representaba la mayor oportunidad de impactar de forma positiva en la conversación popular.
Semejante a lo que en su momento ocurrió con la serie de Luis Miguel a través de Netflix.
Tan lo sabe ViX que optó por lanzar dos episodios de inicio y estrenar uno nuevo de forma semanal.
La historia reúne todos los ingredientes para convertirse en uno de los grandes éxitos del streaming en México.
Una banda que marcó a toda una generación.
Figuras, muchas de ellas, que aún hoy se mantienen vigentes o a las que, como mínimo, se les sigue la huella por sus años dorados.
Nostalgia pura en tiempos bajos para el pop mexicano.
Y una serie de romances, amistades y escándalos que fortalecen la oportunidad narrativa.
La de Timbiriche es una producción que ya hubieran querido Netflix y Prime Video.
Una de esas oportunidades en que para una plataforma el éxito parece garantizado a menos que la producción lo haga muy mal.
La de Timbiriche amenaza con convertirse en uno de esos casos.
Se habla, por supuesto, de la serie.
Adquiere una notoriedad atípica para ViX frente a los gigantes del streaming mundial.
Se reconoce el interés de la audiencia por verla.
Pero una parte importante de la conversación está marcada por las críticas.
Más que una serie sobre Timbiriche, la agrupación parece haberse convertido en el pretexto para contar la historia de Luis de Llano con Sasha Sokol.
Escandalosa, sin duda.
Luis de Llano, con 39 años, inició una relación con Sasha Sokol, de 14.
Fue la misma Sasha quien denunció públicamente los hechos en marzo de 2022.
Pero con apenas dos episodios al aire, la serie ya ha desplazado buena parte de la atención sobre los inicios del fenómeno musical para centrarse en la relación entre Luis de Llano y Sasha Sokol.
El resto de los participantes pierde protagonismo.
La producción no le permite a la audiencia conocer a fuego lento cómo fue que surgió y explotó el fenómeno en un México marcado en ese entonces por la influencia de Televisa.
La historia de Luis de Llano con Sasha Sokol era, sin duda, una de las más relevantes para contar en una serie sobre Timbiriche.
Pero contar la historia de Timbiriche sin ocultar sus episodios más oscuros se entiende y se aplaude.
No se aplaude ni se entiende, en cambio, utilizar a Timbiriche como el vehículo para contar principalmente una historia de abuso.
Porque más allá de la relevancia de visibilizar lo ocurrido con Sasha, Timbiriche en su conjunto es también una historia de éxito, de música, de jóvenes que cambiaron su vida y de un país y una región que decidieron abrazarlos como un fenómeno que marcó la escena musical.
Los integrantes de Timbiriche se deslindaron a través de un comunicado previo al estreno.
Aseguraron que ni los entrevistaron, ni los consultaron, ni les mostraron lo que estaba por aparecer.
Pero donde la decisión narrativa adquiere una dimensión todavía más delicada es en la representación de Sasha Sokol.
Al tiempo que se exhibe a Luis de Llano, interpretado por Osvaldo Benavides, se representa a Sasha adolescente, interpretada por Macarena García.
Y ahí surge una pregunta inevitable.
¿Qué responsabilidad tiene una producción al recrear una experiencia de abuso sin la participación de quien la vivió?
No se trata de exigir que las historias incómodas dejen de contarse.
Se trata de cuestionar cómo se cuentan.
En el streaming, se puede hacer muy bien haciéndolo muy mal.
Este amenaza con ser uno de esos casos.
De ViX se hablará durante las próximas semanas.
Cada episodio de Timbiriche tendrá la oportunidad de generar conversación.
Como ocurrió con la serie de Luis Miguel.
Pero con la diferencia de que, en aquel caso, las quejas sobre cómo eran representados sus protagonistas no impidieron que buena parte del público abrazara la producción.
Aquí, en cambio, el rechazo expresado por los integrantes de Timbiriche forma parte de la conversación desde antes del estreno.
Destaca aún más que haya sido Televisa, a través de ViX, la que permitiera que una serie con un ángulo tan crítico hacia el entorno de uno de sus productos más icónicos llegara a sus pantallas.
Porque Timbiriche no fue solamente una banda que triunfó en la televisión mexicana.
Fue también una de las grandes construcciones culturales de Televisa.
Una agrupación que creció, se popularizó y se convirtió en fenómeno bajo el impulso de la misma empresa que ahora utiliza su historia para generar conversación.
La compañía que contribuyó a construir el fenómeno es ahora la que pone sus episodios más dolorosos en el centro de la pantalla.
Un desatino en el que el potencial de minutos de visualización y el impacto en el consumo contrastan con el rechazo de sus protagonistas y las críticas en redes sociales.
Porque hay historias con las que una plataforma puede ganar audiencia y aun así perder.
La serie de Timbiriche es una oportunidad desperdiciada por ViX.
Pero, sobre todo, una injusticia para la historia de Timbiriche y para sus integrantes.
Incluida Sasha.
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