Los Lakers, el nuevo Disney de Bob Iger
¿Por qué el ex CEO de Disney entiende a los Lakers como si fueran Marvel o Stars Wars?
El soft power alcanza nuevas dimensiones.
Representa relevancia e influencia.
Representa un golpe a la mesa que promete potencializarse en los próximos años.
La venta acordada de los Lakers a una valuación de 12 mil 500 millones de dólares apunta a una fusión entre el poder tecnológico, el entretenimiento y el deporte.
Lo hace, sobre todo, cuando se analiza a los compradores.
Por un lado, Bob Iger, ex CEO de Disney, con todo el expertise para capitalizar tanto el negocio de los derechos de transmisión como el de las experiencias.
Es este último, a decir de Mark Cuban cuando optó por vender la posición de control de los Mavericks de Dallas, el rubro que más crecerá ante el techo que, a su juicio, alcanzarán los derechos de transmisión tras esta ronda de renovaciones.
Por el otro, Joshua Kushner, fundador de Thrive Capital y hermano de Jared Kushner, yerno de Trump.
Se trata de una cifra inédita para la NBA, aunque la operación todavía requiere la aprobación de la liga.
Si ya de por sí la adquisición de la parte mayoritaria por parte de Mark Walter había superado, con una valuación de 10 mil millones de dólares, los 6 mil 100 millones en que fueron vendidos los Celtics en 2025, los 12 mil 500 millones crean un nuevo hito para la NBA.
¿Cuál es la intención detrás de esta adquisición?
No se ha detallado todavía.
Pero la combinación anticipa el tipo de franquicia en que los Lakers pueden convertirse.
Iger llega con experiencia en la gestión de franquicias icónicas como Star Wars y Marvel, pero también en la operación de parques de diversiones, experiencias y propiedades capaces de viajar alrededor del mundo.
Con él, los Lakers podrían profundizar su condición de marca global: desarrollar más contenido propio, potenciar sus experiencias, expandir su presencia internacional y explotar de mejor forma una línea de merchandising premium.
Kushner aportará tecnología. .
A través de Thrive Capital, fondo que ha invertido en empresas como OpenAI, Instagram y Spotify, llega con una lectura de plataformas, tecnología y audiencias que puede resultar clave para un activo deportivo que necesita conocer mejor a cada aficionado y a cada anunciante.
La presencia de Kushner en la negociación tampoco es un episodio aislado dentro del deporte global.
A través de Thrive Eternal, vehículo vinculado a Thrive Capital, había sido considerado como inversionista ancla de FIFA Forward Enterprise, la subsidiaria con la que Gianni Infantino pretendía vender una participación minoritaria de los activos comerciales de la FIFA.
El proyecto encontró oposición de UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática, y terminó siendo abandonado.
Los Lakers no son la Copa del Mundo.
Pero la coincidencia sí explica el tamaño de la ambición: el deporte ya no se concibe únicamente como una competencia que vende derechos de transmisión.
Se concibe como una franquicia cultural global, capaz de operar al mismo tiempo como contenido, experiencia, comunidad, producto, plataforma y activo financiero.
No es lo mismo Disney que los Lakers.
Pero Iger entiende como nadie que hoy el deporte genera experiencias, momentos y atención tan memorable y monetizable como las grandes propiedades de Disney que administró durante tantos años.
En el deporte actual, el éxito deportivo importa.
Pero nada importa más que el poder de entretener, de inspirar, de generar aspiracionalidad y de ser el centro de la conversación.
La relevancia cultural pesa más que la trascendencia deportiva.
Los Lakers, además, aspiran a las dos.
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