La ley de la irrelevancia
Cómo una iniciativa de ley del gobierno mexicano amenaza el negocio de los medios
Nota del autor:
El miércoles fui invitado por la Sociedad Interamericana de Prensa a participar en SIP Connect 2026.
Ahí presenté un anticipo de “Taxonomedia: bestiario de los nuevos medios”.
Un libro que estaré publicando en las próximas semanas para identificar todas aquellas oportunidades para medios y periodistas a través de especies que aparecen con casos de éxito en el ecosistema.
Es la ley de la Censura.
Pero también de la irrelevancia.
El gobierno de México impulsa la Ley de las Audiencias.
Una iniciativa que pretende obligar a las cadenas de radio y televisión a distinguir entre información, opinión y publicidad.
Para contextualizar, es el mismo gobierno que a través de La Mañanera combina datos con opiniones y manipulación de información a destajo.
Pero para efectos de este newsletter, el foco será la utopía de separar las noticias y la opinión en el contexto actual.
De aprobarse la iniciativa, el gobierno controlaría la narrativa.
Convertiría sus datos y sus comunicados en verdades incuestionables.
Cuando desde un programa de radio o televisión se pretendiera contextualizar o conectar los puntos para la audiencia, se calificaría o de manipulación o de una opinión que debe ser transparentada como tal ante la audiencia.
A periodistas y presentadores se les condenaría a ser lectores de noticias.
Sin oportunidad de profundizar.
Sin editorialización que fluya de manera orgánica al dar una nota.
Sin protección ante cualquier interpretación que no sea del agrado del gobierno.
Está la oportunidad, se insiste desde el oficionalismo, de seguir emitiendo una opinión, pero indicándoselo a la audiencia.
Equivale la supuesta intención a caer en la utopía de la subjetividad.
Hay un sesgo y una opinión desde que se elige qué historias integran un noticiero y cómo se cuentan esas historias.
Pero para los medios como negocio, obviando la afectación a la libertad de expresión que se señala en múltiples frentes, sería un golpe letal a su oportunidad de ser relevantes a nivel cultural.
En la era de la inteligencia artificial, especializada en la realización de noticias a partir de cifras oficiales, el periodista visto como lector de noticias perdería cualquier tipo de protagonismo ante creadores que en redes sociales podrán seguir combinando información con opinión, e incluso publicidad.
Un programa de radio y televisión, aunque sigan entendiendo esa plataforma como su pilar, también depende de sus interacciones en redes sociales.
Y justo en estos tiempos de abrazo a las marcas personales, a la compatibilidad ideológica entre quien informa y quien se informa, se pretende que los periodistas o sean una especie de robots o caigan en la torpeza al contar historias interrumpidas por el distintivo entre información y opinión.
Hoy, la gente más que requerir lectores de noticias, precisa de medios y periodistas que contextualicen y conecten los puntos.
En la era de los newsfluencers, los medios no pueden ni deben acabar encadenados a una ley que los ate de manos.
Por la libertad de expresión.
Por el servicio social que se presta.
E incluso por el negocio.
La noticia ya dejó de ser el producto.
El contexto es el producto.
Si la ley obliga a los periodistas a limitarse a entregar noticias, no sólo debilita la libertad editorial.
También condena a la radio y la televisión a competir en el único terreno donde la inteligencia artificial ya juega con ventaja.
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