De las citas al consumo de información.
Del one night stand al depósito de confianza.
Nunca como ahora el consumo de información había estado tan cercano a las aplicaciones de citas.
El usuario, al elegir qué ver en un feed, hace exactamente lo mismo que en Tinder o en Bumble.
Elegir qué llama su atención y descartar lo que no.
La profundidad, en ambos casos, carece de relevancia en esa fase de descubrimiento.
La decisión de atender o no a eso que se presenta viene más de un impacto visual y sonoro que de lo que una historia tiene que ofrecer.
Los likes y hasta los shares con frecuencia se alimentan de lo mismo.
Me gusta lo que veo, lo comparto sin necesariamente entender quién me está contando esa historia.
Me gusta lo que escucho, lo comparto sin pensar por qué esa persona tiene esa opinión.
Para los que no fueron favorecidos por la naturaleza o por los estereotipos de belleza, los filtros de Photoshop y ahora la inteligencia artificial fueron sus mejores aliados en la búsqueda de un match.
Para los que no tienen qué decir, la inteligencia artificial es su mejor aliada.
La industria de la información ya no se divide entre creadores y periodistas.
Se divide entre conocedores, estudiantes y charlatanes.
Estos últimos proliferan.
Serían el equivalente a los que buscan estafar mujeres u hombres desesperados en aplicaciones de citas.
Ofrecen explicaciones de lo que ocurre en el mundo a partir de los bullets que les genera la inteligencia artificial.
En LinkedIn, pasan de no saber qué publicar a tener una parrilla completa de contenidos que firman como propios pese a que fue toda hecha, pensada y diseñada por la inteligencia artificial.
De acuerdo con un estudio de Pangram Labs, el 41% de las publicaciones de formato largo analizadas en LinkedIn fueron identificadas como generadas íntegramente por inteligencia artificial.
Y el 30% del contenido de formato corto fue también identificado como creado íntegramente por inteligencia artificial.
La IA le ha dado su momento de mayor brillo a los charlatanes.
La sociedad aún no termina de enfrentar las fake news cuando ya se intoxica del fake knowledge.
Si Austin Kleon invita a robar como un artista, son cada vez más los seres humanos que deciden robar con descaro y convertir ese flujo sintético de información en su forma de venderse como conocedores.
Al menos, en las aplicaciones de citas, la afectación era para las personas específicas que caían en el engaño.
Pero cuando se trata de información, conocimiento o hasta de superación personal, la afectación suele producirse en cadena.
Frente a esa banalidad, ¿qué ha ocurrido con el mundo de las citas?
Una fatiga respecto a la frivolidad de elegir con quién relacionarse, ya sea para efectos sentimentales o carnales, entre cualquiera que apareciera en el algoritmo.
Bumble es una de las muestras más evidentes del desgaste. En junio de 2026, la compañía exploraba una posible venta después de que sus acciones hubieran perdido 48% de su valor en apenas un año y su valuación de mercado hubiera caído a menos de 400 millones de dólares. Sus usuarios de pago habían disminuido 11% durante 2025 y otro 20% interanual a comienzos de 2026.
Match Group, propietario de Tinder, lleva también varios años intentando revertir la caída en usuarios de pago y el desgaste del modelo basado en el swipe. Incluso las propias compañías comienzan a modificar sus productos para responder a esa fatiga.
¿Qué se ha puesto en tendencia?
La aparición de experiencias presenciales grupales en que personas pagan por conocer gente con intereses semejantes.
Esas conexiones pueden derivar en una relación sentimental.
Pero también en un contacto profesional o en una amistad que perdure.
A los medios, y a la misma sociedad, les conviene apuntar en esa dirección.
No sólo por la ya conocida necesidad de los medios de monetizar vía la relación directa con la audiencia, sino sobre todo porque como sociedad hemos de revalorar lo que significa entregar nuestro tiempo, atención y confianza al momento de informarnos.
Si las mujeres y la generación Z terminaron cansándose de las aplicaciones de citas, ¿es posible visualizar que la sociedad se está cansando de informarse, aprender o motivarse con cualquiera?
Por ahora los indicios son demasiado contados como para convertirlo en tendencia.
Hoy se sigue respetando más lo bien que se ve el número de seguidores que la profundidad de lo que se está contando.
Hoy está en tendencia acompañar fotos sugerentes, en traje de baño o en posiciones antinaturales para dar una noticia o una reflexión profunda y jugar a dos bandas: enganchar a partir del impacto visual pero enmascarar ese fondo vacío con un mensaje que se escucha bien.
El mensaje que se escucha bien aporta credibilidad e interés de las marcas.
La imagen, que es la que en realidad tiende a generar los likes y el número de seguidores, se encarga del volumen.
El fastidio, aunque incipiente, ya está ocurriendo.
El fastidio, aunque incipiente, ya está ocurriendo.
A los charlatanes les quedará cada vez menos margen para esconder el conocimiento vacío detrás del algoritmo.
A los que sí saben, les tocará resolver el problema contrario: aprender a ser descubiertos sin convertirse en aquello que critican.
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