El Mundial del populismo: medios y periodistas envueltos en su bandera
El odio y el estruendo fueron los Campeones del Mundo de las redes sociales
Nota del autor:
1) The Muffin estrena imagen y beneficios para suscriptores. A partir de ahora, la suscripción a The Muffin incluye lo siguiente:
The Muffin x Story Baker es una publicación apoyada por lectores. Para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo, considera convertirte en suscriptor de contenido gratis o suscriptor de pago.
Si les interesa conocer mi visión más profunda sobre la Copa del Mundo 2026, los invito a leer “Pedazos del Mundial”, literatura fragmentaria de momentos y simbolismos que perdurarán en el tiempo.
Nunca antes el Mundial había sido tan populista.
Con discursos nacionalistas exacerbados.
Con campos de entrenamiento limitados por fronteras políticas.
Con árbitros mundialistas a los que se les negó el acceso a Estados Unidos.
Con las redes convertidas en campo de batalla.
No sólo por discusiones futboleras.
También, y sobre todo, a través de estereotipos adjudicados según nacionalidades.
Para los argentinos en México, memes de meseros.
Para los mexicanos en Argentina, la etiqueta de saltamuros.
En Ecuador, un juego contra México representó la máxima oportunidad para señalar al narcotráfico mexicano como el verdadero responsable de la derrota ecuatoriana.
Nunca hubo pruebas.
Nunca hubo siquiera un jugador, técnico o directivo insinuando que hubieran existido amenazas de muerte en la víspera contra la Selección Mexicana.
El que lo dijo, vale acotarlo, no fue un ecuatoriano.
Fue Eduardo Feinmann.
Periodista argentino que además de asegurar que el triunfo de México había sido producto de presiones del crimen organizado, dijo detestar a los mexicanos.
Pero desde Ecuador, a veces a través de usuarios reales y otros tantos a través de bots, se aprovechó el contexto para seguir calentando un divorcio político que mantiene cerrada la embajada de México en dicho país desde abril del 2024.
Quizás aún más preocupante que el juego de políticos y aficionados se convirtiera en el de los medios.
Medios y periodistas, con Feinmann como caso insignia, se montaron a la oportunidad de opinar lo que fuera con tal de generar engagement y reproducciones en redes sociales.
Para los medios, cada vez más convertidos todos en televisoras digitales con espacios diseñados para generar clips, el conflicto entre naciones resultó la apuesta segura para generar relevancia.
Los creadores, sobre todo aquellos no maniatados a la diplomacia exigida por las marcas que los patrocinan, se montaron a esa dinámica con frases o imágenes manipuladas o que nunca se produjeron.
Como este post afirmando que Erling Haaland había declarado que apoyaría a Argentina contra Inglaterra porque los ingleses se habían apropiado ilegalmente de las Malvinas.
O como supuestas declaraciones de Jude Bellingham asegurando que la FIFA “está amañada y es corrupta”.
Para encender los debates en torno a jugadas controvertidas, se encontraron múltiples casos de alteración sobre las imágenes oficiales.
Como supuestas pruebas de fuera de lugar con imágenes manipuladas con inteligencia artificial.
El Mundial, como el máximo evento monocultural de nuestros tiempos, se convirtió en un reflejo de la polarización social incendiada por los algoritmos.
Aunque el pretexto lo puso la cancha, el contexto elevó el nivel de rivalidad y odio entre aficionados de distintas naciones.
Pero también entre los medios y periodistas.
Envueltos más que nunca en su bandera.
No tanto por convicción como por conveniencia.
Medios y periodistas actúan, cada vez más, como fuerzas políticas.
Aunque puede y debe señalárseles, el algoritmo y el ánimo social son los que establecen las reglas.
En el ring de las redes sociales, el estruendo a costa de lo que sea fue Campeón del Mundo.
El Mundial en The Muffin









Y si quizás no fuera cuestión de los medios y los periodistas sino de los niveles educativos de los ciudadanos que cada vez nos idiotizamos más con el doom scrolling de las redes sociales y los discursos del odio que vomitamos. Un ejemplo de la selección campeona: en España centenares de miles de mensajes de odio contra Lamine Yamal según el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia. No todo es culpa de los medios y los periodistas, querido.