¿Le llegó el momento BuzzFeed a Netflix?
¿Será una más de las plataformas millennials icónicas que ven pasar sus mejores tiempos hasta acabar reducidas a su mínima expresión?
Netflix aún está lejos de eso.
Pero comparte el desafío de haber definido una época de internet y descubrir que la siguiente puede pertenecerle a alguien más.
Es el líder indiscutible de la Streaming Wars 1.0.
Esa en la que era innovador entre los tradicionales.
Esa en la que se entendía que un catálogo de contenidos poderoso acompañado de una buena experiencia de usuario resultaba revolucionario.
Entre los tradicionales, es aún el más sofisticado.
Y, en muchos sentidos, el más querido en medio de la entrega de Warner Bros. a David Ellison y el imperialismo comercial detrás de Prime Video.
Pero tanto Netflix como los usuarios parecen estar dejando atrás la era del Netflix & Chill.
La expresión ha perdido el protagonismo que tuvo.
Netflix enfrenta cada vez más dificultades para conseguir que el mundo se entregue con devoción a sus series originales hasta convertirlas en el tema del fin de semana.
Es en parte responsabilidad de Netflix por una oferta en la que cada vez cuesta más identificar producciones que se distingan.
A Bela Bajaria, cuestionada por el estancamiento actual de Netflix frente a YouTube, se le reprocha que su concepto de gourmet cheeseburger acabara convirtiéndose más bien en contenido de comida rápida que rara vez resultaba de autor.
Pero es también consecuencia de un ecosistema cada vez más fragmentado.
Netflix se enfrenta a un YouTube que recibe contenido de creadores sin tener que financiar por adelantado cada producción.
Al poderío algorítmico tanto del propio YouTube como de la palanca que le representa Google como buscador.
Y a la sobrepoblación de plataformas de streaming que, sin tener la misma presencia que Netflix, cada cierto tiempo se apuntan un éxito en relevancia cultural o a nivel comercial.
En México, por ejemplo, hasta antes de Habilidad Física 100 México, uno de los grandes fenómenos había sido Mentiras, la serie de Prime Video.
Aunque con críticas a su narrativa y producción, ViX se ha llevado protagonismo estos días con el estreno de la serie basada en la historia de Timbiriche.
Al mismo tiempo, en el ámbito publicitario, Prime Video se vale del ecosistema de Amazon para ofrecer soluciones en todo el funnel de conversión de un usuario.
Para complementar el tablero, YouTube se “premiumiza” por iniciativa propia de sus creadores.
Entre reality shows que acaparan atención, como el próximo estreno de La Mansión VIP de HotSpanish y Alma Mater de Esen Alva e Islas Vlogs, y nominaciones de youtubers que se hicieron celebridades, como Juanpa Zurita con La peor vuelta al mundo, la percepción es que YouTube abraza mejor que nadie la era del consumo fluido de video.
Para Peter Rice, quien asumirá el 26 de octubre como nuevo responsable global de contenidos de Netflix, el desafío es mayúsculo.
Sobre él, como también debió ocurrir para evaluar a Bela Bajaria, valdrá distinguir entre los aciertos en contenido y las barreras que de forma natural limitan a Netflix y a cualquier plataforma de contenido frente a YouTube.
Por más trabajada que sea su plataforma, Netflix sigue dependiendo de financiar y seleccionar el contenido que ofrece.
YouTube organiza, distribuye y monetiza una oferta que otros producen.
La diferencia va más allá de quién tiene la mejor serie.
A Bela Bajaria habrá que reconocerla como una de las más grandes ejecutivas del entretenimiento de nuestros tiempos.
Su legado, aunque marcado por esta abrupta salida, representa un éxito por cómo entendió la oportunidad de globalizar el fenómeno de Netflix a través del contenido.
Durante buena parte de la Streaming Wars 1.0, Netflix vio la crisis de otros desde la hamaca.
Vivió, hasta cierto punto, en el modo Netflix & Chill.
Le toca, sin duda, despertar y poner manos a la obra para librar una nueva batalla entre el contenido y el poder tecnológico.
A Peter Rice le tocará demostrar cuánto puede cambiar desde el contenido.
A Netflix, cuánto necesita cambiar más allá de él.
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Y la razón más sencilla: es economía. Ver cosas gratis en YouTube vs pagar por ver pelis de Adam Sandler.