El deporte femenil hace cultura que trasciende géneros
Cómo el boom del deporte femenil transforma el modo en que contamos las historias, nos entretenemos y las monetizamos
Las señales son tantas que se convierten en evidencia.
El deporte femenil es una realidad como industria.
Ahí está el Kansas City Current en Estados Unidos como el primer equipo de la NWSL en tener un estadio propio, con capacidad para 11 mil 500 espectadores.
Ahí está el Club América en México renovando un mini estadio en sus instalaciones tener un espacio específico de 5 mil personas para los aficionados a su equipo femenil.
Ahí está Netflix adquiriendo en exclusiva los derechos de la Copa del Mundo Femenil para Estados Unidos y Canada de las ediciones 2027 y 2031.
Y ahí está Ted Lasso volviendo a la vida con una temporada enfocada en las problemáticas, éxitos y batallas de las Lady Greyhounds, del AFC Richmond de la segunda división inglesa.
Los datos acompañan las manifestaciones culturales.
Un reporte de Nielsen en Estados Unidos entrega cifras con la precisión de una flecha para fortalecer el argumento.
-Durante el primer semestre del 2026, el deporte femenil fue consumido 28 mil 600 millones de minutos, un 18% de crecimiento con respecto al primer semestre del 2025.
-Un 52.8% de la población (122.5 millones de estadounidenses) declaran algún tipo de interés en el deporte femenil.
-Desde el 2022, la inversión publicitaria ha crecido un 120%.
-La WNBA ha aumentado un 71% la valoración de sus patrocinios.
-De los 16 millones de nuevos aficionados al deporte identificados por Nielsen, 9 millones son mujeres.
-El boom del deporte femenil se conecta con un aumento del interés de las mujeres en el deporte en general.
Mientras la NBA registra un 55% de aumento en su audiencia femenina, la NHL marca un 44%.
A este respecto, la cultura popular también está haciendo lo suyo.
En el caso de la NHL, ese interés de las mujeres se ha visto beneficiado por el fenómeno mediático que representaron Off Campus en Prime Video y Heated Rivalry en HBO Max.
Ambos con el hockey como el deporte practicado por los protagonistas.
Durante la Copa del Mundo, ese toque femenino se manifestó en los outfits y accesorios de las y los aficionados.
Nunca como en el Mundial 2026 se había hablado tanto de la necesidad de stylear un jersey o de jugar con las prendas para dejar de lado el tradicional jersey con pantalón de mezclilla.
El jersey, por tanto, dejó de ser una simple señal de apoyo para convertirse en estilo de vida.
Al terminó de la Copa del Mundo, las mujeres “fifas” advirtieron que no dejarían de serlo e hicieron un llamado a esperar lo que ocurrirá en el Mundial Femenil 2027.
En los micrófonos, Aitana Bonmatí se convirtió en una sensación en la televisión mexicana por su destacada participación como analista de TUDN durante las primeras jornadas de la Copa del Mundo.
¿Qué sigue para el deporte femenil?
Consolidar el interés por las historias particulares de las deportistas.
Continuar desarrollando su relevancia como iconos de la cultura popular.
Crear interés por ser parte de experiencias relacionadas al deporte femenil.
Los mini estadios, por ejemplo, son una forma de demostrar que el futbol femenil puede cautivar a un nicho de forma recurrente.
Fomentar que el deporte femenil encuentre sus propias formas de comercializarse, de interactuar con el aficionado y de generar relevancia.
Comenzó como un símil del deporte varonil.
De a poco, se desvincula de él para adquirir independencia.
Para generar sus propios códigos.
Y para abrirse al abanico de posibilidades que representa el mercado no sólo para mujeres, sino también para hombres dispuestos a montarse en tendencias y movimientos que no estallan bajo la cerrazón del deporte varonil.
En ese punto de encuentro entre múltiples inquietudes está la creciente magia del deporte femenil.
Ese punto de encuentro con el potencial de combinar mejor que nunca la competencia deportiva, el entretenimiento, el estilo de vida y la generación de experiencias.
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